ARTE
Mi cuerpo y yo
Una mujer que pone el cuerpo para decir lo que piensa: que la maternidad no es el cuento romántico que le contaron, que la institucionalización de las experiencias sensibles genera un hilo de control invisible e imposible de cortar. Es la artista visual Andrea Trotta y su nueva exposición, Conjuros, donde además tematiza el abuso, la violencia y la resistencia a buscar la libertad.
Por Laura Rosso
¿Mi mamá me ama?
La serie “Sobre mí” comienza con un cuerpo totalmente dominado que después busca liberarse. A través de una malla de silicona –instalada en la muestra y formada por capas y capas de chorreado de ese material–, la artista generó una resistencia para simbolizar esos lazos de poder que no se ven pero que, todos juntos, atrapan y encierran un cuerpo. Un cuerpo desnudo que cubierto por la malla de silicona produce un efecto fantasmagórico. Está desnudo, pero no del todo desnudo. Hay algo que lo cubre. “Es como paradójico –apunta Trotta–, un oxímoron: una cosa blanda como la silicona pero que en varias capas se vuelve resistente.” Esa malla cubre el cuerpo de la artista, que trata de romperla. “Los mecanismos de dominación se van naturalizando en la cultura. Parten de un poder dominante para establecer un orden, pero después se infiltran en la vida cotidiana, y puede ser tu mamá –que te ama– quien te va a normativizar hacia un sentido para que seamos funcionales en una sociedad dada. Los juguetes de nenas, muñecas y tacitas de té, y los de los varones, que pueden ser armas o soldaditos, por ejemplo... Esa dirección hacia un género comienza desde que nacemos.”
“Las cosas del decir” es una serie que partió de la experiencia de la autora cuando tuvo a su hija. “Fue un momento en el que yo dejé de producir porque no tenía espacio, no tenía lugar y no tenía tiempo. Y me sentía asfixiada por la maternidad. Todo lo maravilloso que me habían dicho de la maternidad me parecía un mito. No le encontraba mucho sentido, esa cosa de dar, dar y dar... Y me sentía mal porque no había parido, me habían hecho una cesárea que me resultó muy injusta. Todo era como una conspiración en mi contra. Sentía que no podía hablar, que no podía decir. No me podía expresar ni hacer una obra. Y si no podía hacer una obra, no podía decir lo que sentía. Pero además no lo podía decir porque está mal decir: ‘Me siento mal por la maternidad’, porque sos un monstruo si decís eso. Entonces empecé a hacer bolitas de alambre pequeñitas, y las desarmaba. Hice como una poesía visual con el alambre. Hacía bolitas chiquitas y las desarmaba. Eso era como el discurso: cuando intentás decir algo que se embrolla, que no llega. Hablaba de esa imposibilidad. Había una resistencia en la comunicación. Un cuerpo envuelto en ese no poder hablar, en ese no poder establecer vínculos. Un cuerpo atrapado. Eso me llevó a hablar del discurso. Qué pasa cuando vos te querés comunicar. Sobre todo en la era de la comunicación donde toda la información es sumamente accesible y a pesar de ello es muy difícil entender al otro.”
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