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Hacerse un cuerpo



Ensayos con cámara compacta.

En El espectador emancipado, de Jacques Rancière, leí que nunca ha sido cuestión del dominado "tomar conciencia de los mecanismos de dominación, sino hacerse un cuerpo consagrado a otra cosa que no sea la dominación". Y me resultó apropiado comenzar a construir nuevos cuerpos.




Elegí herramientas, para la construcción de esos cuerpos, que constituyeran, además, un elemento ideológico. Son las típicas herramientas asociadas al género para el sentido común. Como si el oficio fuera en sí una cuestión de lo "femenino" o lo "masculino". Esta elección fue hecha para ajustarla a la anécdota que Rancière describe en El espectador emancipado.

Sobre mí


El tema que atraviesa casi toda mi obra es la "violencia simbólica" que aparece en forma de canon, norma social, orientación sexual.
Aquí esa violencia se ve corporeizada en una fina tela de araña que asfixia y oprime.
Pronto se desarrollará este proyecto.

Fotografía Eyelén Giacobbe

Las cosas del decir









Desde el comienzo me interesé por el sujeto inmerso en una sociedad de la que no puede escindirse y que a su vez le resulta ajena. Así surgieron los “Cuerpos religiosos”, hombres y mujeres predefinidos como tales por una sociedad consumista que infiere sobre nuestros cuerpos desde pequeños con juguetes diseñados para “corregir” la sexualidad, por ejemplo. En otra oportunidad los “Sujetos” fueron los personajes con quienes los espectadores se identificaron no siempre de manera grata.

El presente proyecto que les entrego trae un poco de cada uno de los elementos anteriores, sólo que ahora, con toda esa carga simbólica, compleja, única y determinada en alguna de sus instancias por la sociedad, aparecen sujetos que pretenden comunicarse.

El inabarcable mundo de signos que se presentan frente a nosotros nos habla del triunfo comunicacional. Sin embargo, es esa misma multiplicidad de símbolos y mensajes lo que conforma múltiples formas de percibir, con lo cual, cada discurso emitido dispara interpretaciones impensables. Queda así, quien habla, muchas veces solo, enroscado en su propia narrativa.



Fotografía: Eyelén Giacobbe

Muestra en el Centro Cultural de la Cooperación - octubre de 2008


Nos referimos aquí a lo religioso en general, como ideología que marca la conducta de ciertas personas (o todas).
Y los juegos, como “orientadores religiosos” de, incluso, la sexualidad, dejan huellas sobre los cuerpos. Tal vez modelen su individualidad, la nieguen o posterguen sus deseos. O tal vez esos cuerpos se revelen.